Mulleres na cultura

VIVALUGO coas creadoras lucenses

luns, 08 de marzo de 2021
Mulleres na cultura

Para ler o artigo, premer no seguinte enlace:
https://vivalugo.es/varios/mulleres-na-cultura-15-creadoras-lucenses-que-debes-conecer/

"Soga e Cinsa" ou a normalización do feminicidio

Comentario crítico de Afonso B. de Becerreá no ZIGZAG diario

domingo, 07 de marzo de 2021
"Soga e Cinsa" ou a normalización do feminicidio

Para ver o reportaxe, premer no seguinte enlace:
http://www.crtvg.es/informativos/soga-e-cinsa-ou-a-normalizacion-do-feminicidio-comentario-critico-de-afonso-b-de-becerrea-4844470

Inversa Teatro en xira

Novas datas das montaxes actuais da compañía

xoves, 25 de febreiro de 2021
Inversa Teatro en xira

5 marzo I Sofía e as Postsocráticas I 20:30h I Casa da Cultura, Milladoiro
6 marzo I Té con Kant I 20h I Centro Social Polivalente, Brión
12 marzo I Sofía e as Postsocráticas I 20:30h I Forum Metropolitano, A Coruña
15 marzo I Sofía e as Postsocráticas I Sesión escolar I Forum Metropolitano, A Coruña

+info:
www.inversateatro.com
www.facebook.com/inversateatro

Soga e cinsa: Habelas hainas

Crítica de Afonso Becerra para Artezblai

martes, 23 de febreiro de 2021

Han sido las brujas las que me han devuelto al teatro. En Galicia los teatros llevaban cerrados unas semanas y yo cada vez más encogido. No miento, es así. Las artes solitarias de la lectura, la escritura o aquellas mediadas por pantallas, vía streaming o por plataformas audiovisuales, a mí no me bastan ni me mueven, ni me tocan como las artes escénicas y su ritual antiquísimo y, al mismo tiempo, actualísimo.

Soga e cinsa: Habelas hainas

Pues eso, en mi caso, han sido las brujas las que me han sacado de casa y me han llevado a la platea del Auditorio Municipal de Vigo, el sábado 20 de febrero de 2021. Han sido las brujas las que han abierto el programa de Vigocultura con Soga e cinsa (Soga y ceniza) de la Cía. Aporía Escénica. Han sido ellas las que me han hecho subir desde la ribera del Berbés hasta el monte do Castro, donde está la sala del Concello.

A Diana Mera, ex alumna y directora de Aporía, le chiflan los rituales y lo esotérico y con su don de gentes, su simpatía, su buen hacer y su empeño, ha sabido rodearse de 10 mujeres, que con ella hacen 11, para evocar y reflexionar sobre las brujas encima del escenario. Quizás el escenario es uno de los pocos reductos donde es aún posible la magia.

La magia es esa posibilidad que nos brinda el juego, en directo, con la electricidad que se genera al compartir un espacio-tiempo que, por arte, se transmuta ampliando horizontes de manera emocionante.

Soga e cinsa es una pieza en la que el coro de las 11 presencias femeninas, en diferentes rituales y simulacros, es lo más atractivo. No hay protagonista ni antagonista, no hay historia, hay un paisaje de 11 mujeres que actúan de manera ritual evocando, en cuadros de factura visual y recepción contemplativa, las fuerzas telúricas.

En este sentido, el primer cuadro es un hallazgo especial. En él el escenario es una topografía rocosa y mutante, de la que forman parte esas figuras antropomorfas encapuchadas y con amplios hábitos oscuros. Ahí, en esa topografía y en las figuras que se desprenden y aglutinan, no hay género y se rozan los límites de lo humano. No son mujeres ni hombres, jóvenes ni ancianas, ni siquiera son personas, el escenario es un paisaje con una topografía caprichosa que evoluciona lentamente, bañada por haces envolventes de luz y sombra y por ráfagas absorbentes de sonido (música electrónica entre pájaros, aguas, vientos…).

La duración del primer cuadro se expande y nos induce a una recepción contemplativa que fulmina el tiempo, volcándolo hacia una atemporalidad abstracta que también va a impregnar la presencia de las 11 actrices, una vez que comienzan a salir de esa topografía, como una transubstanciación de la tierra.

El primer cuadro, como ocurre en cualquier dramaturgia, establece las convenciones o pactos de juego que regirán el espectáculo y nuestra posición ante él. Por eso, cuando en el segundo cuadro rompen esa tónica, las presencias siguen teniendo, para mí, un halo abstracto e impersonal. La congregación coral sigue pesando por encima de las individualidades de las actrices y aunque se llamen por sus nombres propios, en un guiño hacia la posdramaticidad y la afirmación de la realidad en escena, sus presencias siguen resultando más conceptuales e icónicas que personales o psicológicas.

Es por eso, también, fíjate si tiene fuerza la extensión y el establecimiento del pacto creado por el primer cuadro, que las exposiciones de la escena en la que Diana hace de profesora y sus compañeras de alumnas, en un aula sobre la importancia de revisar la historia de las brujas y los estereotipos que sobre ellas pesan, neutralizando la gravedad del feminicidio, que la escena, pese a los nombres reales de las actrices, permanece en el simulacro y las poses, más que en la asunción dramática (aquella que crearía la ilusión de realidad, haciendo desaparecer la simulación o fingimiento, para que la ficción apareciese). Lo mismo acontece con la escena dramática de la madre, sus dos hijas y la tía de éstas, acusadas de brujas en el siglo XVII, interpretada con convicción por las actrices. Y también sucede con las escenas cómicas e irónicas del congreso de brujas, en el que se presentan las últimas novedades en remedios y brebajes contra abusos machistas y problemas de salud.

La estabilización dramatúrgica del juego ritual y ceremonioso, sumada al refuerzo del eje sincrónico que propicia la simultaneidad de las 11 actrices en escena, impregnan toda la partitura de acciones del espectáculo. Ese eje sincrónico se impone a cualquier tipo de progresión dramática y a los conatos de relato, que aparecen en forma de escenas fragmentarias. El paisaje y su topografía pueden con todo y las 11 actrices se convierten en figuras o piezas coreográficas en una composición en la cual lo visual y lo plástico busca sus clímax.

El pensamiento se expone, pero son las figuras, su distribución espacial, su movimiento, lo que nos capta.

Quizás las brujas no están ni son, aunque su mito sobrevuele el escenario y sea invocado. Las 11 actrices, pese a las escenas entre lo dramático y lo posdramático, son contempladas como seres anónimos. Y eso, desde mi punto de vista, es el mayor hallazgo de esta dramaturgia, porque también las víctimas de abuso, persecución y muerte, bajo acusación de brujería, eran y son (si tomamos la brujería como metáfora hoy), en cierto modo, anónimas.

Otro ejemplo de escena entre lo dramático y lo posdramático: la actriz que intenta darnos una conferencia académica, razonada y argumentada, sobre cómo se creó el sistema condenatorio a las mujeres y la acusación de brujas, y las dos actrices que la interrumpen e intentan impedírselo. Drama: protagonista / antagonistas en una situación de ficción. Posdrama: las actrices se llaman por sus nombres y buscan no interpretar personajes más allá de si mismas. Drama: la estructura actancial protagonista / antagonista, con sus porqués y el juego de roles, van a procurar nuestra credibilidad e identificación respecto a la situación. Posdrama: el nivel alegórico y conceptual entre la razón académica, su temple y buen juicio, frente a la intuición, la pasión y la visceralidad, nos van a situar en parámetros de sugestión, por las asociaciones que las figuras alegóricas favorecen, y persuasión, por los argumentos esgrimidos, que van a desactivar la credibilidad identificativa de la situación dramática de conflicto representada.

Es por todo esto que la performance, lo coreográfico y lo coral, en ese paisaje mutante modelado por las 11 mujeres, funciona como una fuerza atractiva que puede con todo. Más aún en estos tiempos de pandemia y distancia sanitaria, en los que resulta un milagro poder ver reunidas y mezcladas tantas personas. Un milagro es también, en un sistema precario como el teatral, ver reunidas sobre el escenario a 11 actrices. La alegría es mucha y el milagro también.

¿“Habelas hainas” es una afirmación o una aporía? En el teatro ambas cosas son posibles.

ARTÍCULO ORIGINAL:
http://www.artezblai.com/artezblai/habelas-hainas-aporia-escenica.html

Fotografía: Pío Cribeiro

Soga e cinsa: Meigas somos todas

Crítica de Iván Fernández para a Erregueté

luns, 22 de febreiro de 2021
Soga e cinsa: Meigas somos todas

Confésoo, agardaba con moita ansia a estrea de Soga e Cinsa no Auditorio de Vigo. Dende que tiven noticia da súa xestación, meses atrás, e sabendo do tema e da admirada equipa que participaba nela, converteuse nunha peza soñada.

Afortunadamente, a peza dirixida por Diana Mera escapouse polas marxes das miñas fantasías, e non transita por onde eu prefiguraba. Iso, encantoume. Saben por que? Porque adoro que me collan por sorpresa.

Soga e Cinsa non é unha peza de bruxas. Soga e Cinsa é unha historia de mulleres. É a historia do maltrato secularizado da Humanidade (ou debería dicir, humanidade?) ás mulleres. Si, de toda a humanidade, como ben mostra esta peza de xeito sutil e dramático. Por unha banda, a Inquisición, espazo tétrico de poder falocéntrico; ou as arquivoltas de Heinrich Kramer e Jacob Sprenger e o seu Martelo das bruxas (Malleus Maleficarum). Pola outra, unha nai que na defensa das súas fillas acusa á súa propia irmá de bruxería; ou unha rapaza moderna, intelixente e madura, que cae nas redes intelectualoides do heteropatriarcado renunciando ao seu ser instintivo.

Porque Soga e Cinsa é unha chamada ao instinto, aos vínculos de sangue entre as mulleres. Unha chamada á sororidade, á irmandade feminina, ao sostén mutuo e ao non esquecerse de quen es, de onde ves, de todo o que te conformou como muller.

En Soga e Cinsa entran en cuestión moitos dos alicerces da sociedade moderna, a través da metáfora da bruxería e de como a caza de meigas dos séculos XV a XVII inflúen no que somos hoxe como mundo. Por unha banda, o declive da sociedade tradicional, na que as mulleres menciñeiras, sabedoras dos remedios naturais, entraban en contacto co extraordinario, algo que a sociedade do seu tempo tivo que abandonar a favor da orde teocentrista imperante. O alén, o misterioso, o mitolóxico, quedaba fóra das nosas vidas, recluído na superstición e na herexía. Pola outra, unha sociedade neocapitalista na que os intereses económicos son postos por riba dos humanos, no que o teu asasinato convértese nun beneficio (económico) para min, que te denuncio, ou que vivo do negocio da morte. Non esquezamos que estamos a falar dun xenocidio, o xenocidio de case 60.000 mulleres só en Europa, da tortura e asasinato de mulleres que, nalgúns casos, gardaban consigo a sabedoría de tradicións seculares e, noutros, sucumbiron á cobiza, envexa, medo ou prexuízo analfabeto dxs seus semellantes.

A maxia de Aporía Escénica é levar todo isto ao formato teatral, nunha peza de tres cadros e un epílogo que nos fai transitar polos mundos das sombras e do descoñecido, do instintivo e sensual, do animal, mais tamén pola luz da ciencia e da ilustración.

Soga e Cinsa é un retábulo medieval, con sombras de martirio barroco e luz de autopsia, que constrúe figuras de especial plasticidade. A peza contén momentos máxicos, como a representación do axustizamento a través da acrobacia en cordas, a ironía da tortura reflectida nunha coreografía de natación sincronizada, a opresión da muller convertida en danza cunha cortina, ou a aparición da Deusa do Sangue: a chamada á forza primitiva, coa que se constrúe un vínculo que fala tanto do sangue que corre polas nosas veas como da importancia da menstruación, algo absolutamente deostado polo home (este si, con minúsculas) e cuxa estigmatización contribuíu ao estrañamento entre a muller e o seu corpo, algo que segue a acontecer a día de hoxe.

A maxia de Aporía Escénica é, tamén, facelo rodeándose dunha equipa de mulleres talentosas, do máis representativo do teatro actual galego, ben sexa diante ou detrás do escenario. Unha peza ambiciosa, como se botan de menos no noso panorama e nestes tempos de restricións, cun elenco de nada menos que 11 actrices de idades e especialidades diversas, e que amosan unha comunidade especial, unha complicidade reflectida en moitos intres laterais, case tanxenciais, a través de acenos e xestos, agarimos, palabras e enfrontamentos, pero que conforma o esqueleto principal da peza, sobre a que se sustenta.

Con todo, boto en falta un chisco máis de maxia (quen o diría!). O efecto onírico acadado polos espazos nos que domina o corpo rompe coa frontalidade da palabra, interesante mais se cadra, nítida de máis. O epílogo final é, ao meu gusto, demasiado brusco e, se ben temos un xogo de sombras que apunta cara o máxico, dura pouco tempo e, cando se mete dentro do caixón, queda esvaecido pola distancia co público, chamando por unha amplifiación.

Isto, comparando cun primeiro cadro no que as actrices compoñen unha coreografía que por si mesma explica, con toda a súa poesía e misterio, toda a historia da bruxería en Galicia (e máis aínda, xa que por momentos aparecen a Santa Compaña, as bruxas de Macbeth, os aquelarres de Salem ou as Parcas gregas). Eu, voume poñer ambicioso e voulle pedir a Diana Mera que faga polo menos unha triloxía con este tema. Queremos máis meigas!

E é que con Soga e Cinsa págase ademais unha débeda que o teatro galego ten para con as meigas, tan presentes na nosa tradición e mitoloxía local, e tan ausentes no noso repertorio teatral. Agás o fermoso poema tráxico sobre a figura de María Soliña, autoría do dramaturgo Xosé Manuel Pazos (unha figura a reivindicar e estudar polos teatreiros actuais e, tristemente, recentemente falecido), e que acada representación anual grazas ao esforzo de Teatro de Ningures en Cangas; o texto de Carlos Labraña Estrelecer, estreado como lectura dramatizada na SGAE; e a peza que anda a cociñar Diana Sieira coas Residencias Cruzadas do CDG, The Witch, onde están as meigas no noso teatro?

Voume permitir unha derradeira reflexión. Soga e Cinsa abre no Auditorio do Concello de Vigo a nova tempada de estreas teatrais, logo da reapertura dos teatros na nosa comunidade (agás en Ourense, como ben anota Roberto Pascual no seu artigo para a erregueté). Transcorreu así practicamente un mes dende a derradeira vez que fun quen de ver algo de teatro en vivo e, confésoo, non acado entender como isto pode acontecer. Como é que o teatro non está considerado un ben de primeira necesidade? Como é que estamos nun mundo que desleixa deste xeito o noso alimento cultural e, diría, ata espiritual? Como é posible que estean abertas as igrexas e non os teatros? Porque ás igrexas vaise a pregar, e aos teatros, a pensar. O xeito no que a política trata á cultura é arrepiante de cotío, mais, a súa xestión durante os estados de excepción decretados, éo aínda máis.

ARTIGO ORIXINAL:
https://erreguete.gal/2021/02/20/soga-e-cinsa/

Fotografía: Marcos Canosa

Soga e Cinsa

Estrea da nova montaxe de Aporía Escénica

mércores, 17 de febreiro de 2021
Soga e Cinsa

Soga e Cinsa, Tríptico Teatral para 11 bruxas en 101 minutos, aborda a caza de bruxas en Europa nos séculos XV, XVI e XVII, co obxecto de visualizar o xenocidio que supuxo e a súa perversa conexión co desenvolvemento do sistema capitalista. Horror, humor, reflexión, plasticidade e emoción son as apócemas principais deste conxuro teatral. Unha sucesión de paisaxes espectrais e inesperadas irrompen en escena para que os corpos expresen a súa danza esquecida, nunha peregrinaxe de sombras espectrais que procura as luces da xustiza e do recoñecemento.

Venres 19 feb I Auditorio do Concello, Vigo I 20h (ESTREA)
Sábado 20 feb I Auditorio do Concello, Vigo I 20h

Venda de entradas:
https://www.woutick.es/evento/1291/entradas-soga-e-cinsa-en-vigo

+info:
http://www.aporiaescenica.com/

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