Crítica : 9 FUGAS

Alfonso Rivera para CINEUROPA

Fon Cortizo deslumbra con una especie de –originalísimo- musical que, sin descuidar su mensaje, regala una armoniosa sinfonía de sonidos inesperados, combinada con un juego de espejos temporales.

No sorprende que 9 fugas, largometraje del gallego Fon Cortizo (Vigo, 1978), haya gustado al jurado de la selección Retueyos de la edición número 58 del Festival Internacional de Cine de Gijón, que finalizó el pasado fin de semana; y que dicho cónclave de jueces decidiera otorgarle el premio al mejor film, compartido con la película polaca Marygoround, de Daria Woszek.
No extraña porque es un largometraje fascinante, de principio al fin. En él la figura del narrador la ejerce la Orquesta Fugaz de Improvisación Industrial, que crea sonidos a partir de instrumentos convencionales y otros no tanto que encuentra en la naturaleza, en la ciudad, en una zona portuaria… Así, unas manos que acarician un puente de acero, unos nudillos que golpean un cristal, la manipulación de cinta para empaquetar o el propio tráfico se convierten en generadores de estímulos sonoros que van puntuando esas nueve piezas o secciones a las que alude el título.

Y como esa música (diegética) fluye libre por el metraje de este film, las historias que contiene también lo hacen, enhebrándose unas con otras, reflejándose, en una coreografía inmersiva entre el humano y el entorno. A su vez, los personajes rompen los límites de la narrativa convencional para traspasar sus propias existencias y sumergirse en las ajenas, construyendo la película un universo único y propio, pero reconocible.

Con el paisaje gallego, sus lonjas y sus famosas señas de identidad como escenario mutante, los nueve capítulos del largometraje dan tanto protagonismo al sonido como a la imagen, a lo pretérito como a lo futurible, al diálogo (con algunos juegos de palabras) como a la sugerencia, construyendo una atmósfera subyugante y poética, nacida en buena parte de la improvisación.

Dedicada a la memoria y con lo femenino de protagonista, la película se erige como una fabulosa polifonía de reivindicaciones, posibles lecturas y venganzas, huidas y ensoñaciones, con sombras y abundante agua (y barro). Un film donde alguien, en un momento dado, grita “¡El miedo es el demonio!”: ese diablo a Fon Cortizo no parece afectarle, ya que ha orquestado –sin temor al riesgo- uno de los títulos españoles más originales del año.

Cortizo es el director de premiados cortometrajes como Aysha y Americano (sobre Emanuel Xavier, chapero y camello antes de ser una figura destacada de Spoken Word en Nueva York), además del responsable de los largos Contrafaces (de 2015), que se estrenó en el festival suizo Visions du Reel, y el documental CEF 100% (2012). Tiene entre manos dos proyectos: Letters through the wall (no ficción) y The wonderful and boring life of Micah P. Hinson, centrado en la figura del cantante norteamericano.

9 fugas, con guion del propio Fon Cortizo y dialogada en gallego, es una producción de Xas films y A sombra Cinema, que ha contado con una subvención de AGADIC.

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